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  /  Big Data   /  No queremos saber la verdad.

¿Estamos preparados para que nos digan cómo somos? Esta es una de las promesas del Big Data.

En este mundo coartado por el patrón de lo irreflexivo, donde, sin pudor, publicamos en la red fotos en la playa, desfases estivales o enternecedores neonatos, solo estamos empezando a vislumbrar un ligero hilo de conciencia relacionada con que, tal vez, esa misma tecnología que nos permite alardear de felicidad y arropo social, sirva también para aportar algo bueno al lugar que nos brinda los medios para ser unos envidiables humanos digitales.

Recientemente, escuché en un programa de TV centrado en la cantidad de plásticos que los humanos generamos en el mundo. El programa en cuestión hacía un recorrido por diversos enclaves, escogidos con ayuda digital, por turistas cuyo propósito era el comentado en el párrafo anterior: subir la foto a la red social de turno, probablemente sin ninguna otra voluntad más allá que la de decir “yo estuve ahí”. El flujo siempre se repite: turistas aterrizando en su paraíso de ese año, dejando su rúbrica y haciendo del mundo un lugar un poquito más pobre.

En ese momento me vino a la mente mi trabajo, la tecnología dedicada al análisis de datos, y los diferentes proyectos que llevamos a cabo sobre análisis de redes sociales. Pensé en algunos de los casos de uso que resolvemos, en este caso, los relacionados con el análisis del sentimiento, es decir, el procesamiento del lenguaje natural para extraer información sobre su contenido. Por último, me vino a la mente la palabra ironía y un lugar, Maya Bay. Me resultaba irónico que los mismos que usaban la tecnología para decir, “he estado aquí” y recomendaban ese lugar a sus amigos para que lo visitasen, fueran los mismos que hacían que esos amigos tuvieran una experiencia peor que ellos mismos al visitarlo. Fue en este punto donde asocié conciencia con tecnología, y me vino a la mente la pregunta más lógica: ¿qué puedo hacer yo?

Hablemos de tecnología. El último número que he leído al respecto del volumen de datos es 600 ZB. El número da igual, porque es una estimación. Lo que importa es que cada vez que se actualiza, éste es mayor sobre la misma fecha para la que se estima. Es decir, cada vez humanos y máquinas colocamos más información en algún lugar digital, lo que significa que cada vez tenemos al alcance de la mano la posibilidad de saber lo que pasa en el mundo y ser conscientes ello.

Ser conscientes de la magnitud de algo que ocurre es puramente subjetivo. Cada persona lo es o no lo es, pero con ayuda del análisis de datos podemos ofrecer una vía a todas las personas que lo deseen, para cruzar, objetivamente, del lado no consciente al consciente y hacerles consecuentes con la relación causa-efecto que existe en cada decisión que se toma.

En base a todo esto, estas son tres reflexiones donde la tecnología Big Data pueden aportar un valor diferenciador:

Nos creemos demasiadas mentiras.

A excepción de los naturalmente escépticos, los humanos tendemos a creernos casi todo lo que nos dicen y a reaccionar de manera inmediata. La tecnología posibilita recoger nuestras reacciones primarias a los impactos digitales que recibimos, sin ser conscientes de que permanecerán para siempre en la red.

El aprendizaje automático sobre entornos Big Data sirve de harnero para separar la verdad de la ficción. Si mostramos a los consumidores de contenidos lo que es verdad y lo que es mentira, pueden aprender a ser críticos con la mentira y a reflexionar antes de posicionarse en un entorno digital, convirtiendo la red en un espacio de diálogo constructivo que siempre es positivo para absolutamente todo.

No aprendemos del pasado.

La tecnología Big Data es capaz de procesar absolutamente toda la información almacenada desde el origen de los tiempos, incluso la no digital. Al mismo tiempo, el incumplimiento de protocolos de trabajo por parte de los responsables de custodiar la información, hace que sus modelos de datos sean ineficientes y que no estén documentados, lo cual dificulta mucho su explotación.

La transformación digital llevada a cabo en muchas empresas de la mano del Big Data ha servido de catalizador de buenas prácticas para muchas de ellas. Se han definido fases de trabajo donde Big Data ha servido de ordenador de datos legacy y se han definido metodologías de trabajo focalizadas en mejoras de rendimiento de procesos y monetización de la información.

Por estas razones, y para empresas donde este tipo de tecnología representa un valor singular, Big Data está consiguiendo que aprendamos del pasado y no cometamos los mismos errores recurrentemente, liberando los medios para extraer conocimiento de los datos, aunque solo estamos al comienzo de la verdadera transformación.

No aprovechamos toda la capacidad de la tecnología.

Los humanos consumimos el mundo sin perspectiva y hemos convertido a la inmediatez en nuestro estandarte. En este caso, Big Data se puede usar para trasladar el concepto de planeta a todos estos nuevos nativos digitales y hacerles conscientes de lo que les espera, por ejemplo, en términos de contaminación, si no ponen remedio de manera tan inmediata como demandan likes.

De la misma manera que se usan algoritmos de inteligencia artificial para bombardearnos con ofertas publicitarias en base al segmento de cliente al que pertenecemos o para asociar rostros a identidades en imágenes o vídeos, se pueden usar también para identificar comportamientos incívicos en éstos y crear cultura de respeto, en la que la denuncia no sea vista como una decisión de minorías contraculturales, sino como un esfuerzo de cuidar el lugar donde vivimos.

Por último, me gustaría trasladar una reflexión que viene de la mano de Blade Runner. Está claro que el verdadero trasfondo tecnológico es el económico. La tecnología enriquece, y mucho. ¿Pero, nos hemos parado a pensar de qué va a servir ser tecnológicamente súper-evolucionados y absurdamente adinerados si no tenemos un paraíso donde disfrutar los éxitos?

Actuemos con perspectiva consecuente de futuro.

Autor: David Santibáñez. https://www.linkedin.com/in/dasantibanez/


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